Eres vida
De ti nace, de ti florece, de ti emana, tú la cultivas.
“Señor,
Concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar
valor para cambiar aquellas que puedo
y sabiduría para reconocer la diferencia”
Hace muchos años mi mamá me compartió esta oración, desde ese entonces hasta ahora no he podido encontrar ninguna otra que pueda reflejar tanto de la vida en tan poco como estas tres frases lo hacen.
Esta oración a lo largo de la vida me ha acompañado siempre, por decisión o casualidad, he encontrado el refugio, el calor de hogar y la salvación en esas palabras: cortas pero contundentes. Me tomo el atrevimiento de afirmar que, sin importar la religión que sigas, estas palabras pueden salvar a cualquiera siempre.
Durante nuestras vidas hay instantes que lo cambian todo sin vuelta atrás, pequeños segundos que le dan giros absolutos a nuestras historias, relámpagos que nos obligan a cambiar radicalmente nuestra narrativa. Y por lo general, nos enojamos mucho, nos entristecemos, nos frustramos, nos perdemos. Perder el control y cederle el mando a la incertidumbre es algo que nos disgusta profundamente.
Pero, me pregunto, ¿qué pasaría si todas esas veces que la vida decidió darte cambios de rumbo no se hubieran dado?. Por supuesto que nunca y jamás podremos saber las otras historias que podríamos haber vivido pero que nunca llegamos a vivir. Pero sí que podemos saber sobre esta que tenemos, esta que hemos vivido. Podemos mirar hacia dentro y ver todas las heridas que han cicatrizado, los campos vírgenes que no han sido talados, las playas ocultas que son de difícil acceso. La respuesta es sencilla: no estarías aquí hoy, no serías esto que eres hoy, no existieras como existes hoy y nada de lo que conoces tampoco. Gracias a ese vuelco pudiste mutar, aprender, crecer, renovarte y hacer metamorfosis. Esta y todas tus versiones quieren ser honradas.
Tener el control no es fácil, pero saber sujetarse ante la marea de lo incierto es aún mucho más complejo. Reconocer la naturaleza de las circunstancias sobre las que no tenemos ningún tipo de poder es uno de los pasos más difíciles que podemos dar por nosotros mismos. Ser gentiles, compasivos, serenos ante lo inexplicable, lo inmutable, ante lo que simplemente es…es de los retos más feroces y ásperos que podemos sobrellevar.
Aceptar, soltar y dejar ir son actos tan suaves que nos resulta inaudito hacerlo cómodamente. Sobre todo, si eres como yo, que lucha hasta la última gota, que no puede rendirse ante nada y que necesita ser valiente en todas y cada una de las batallas. Por eso, lo hacemos incómodo. Ir contra la naturaleza y los fenómenos circunstanciales de la existencia en sí misma, a veces, resulta perjudicial. Esa insatisfacción que nos consume, nos inquieta y nos tambalea. Nunca he sido de seguir la corriente, le dejo esa tarea a los peces. Sin embargo, he entendido que aceptar no es ser un pez sino ser la roca lisa que se mantiene firme ante el torrente. Ser una roca inquebrantable y rígida pero que se deja moldear por las condiciones a las que está expuesta es de las contiendas más loables de todas. Con todo respeto a los peces.
Te pregunto esto, intenta conectar con tu memoria ¿recuerdas alguna vez en la que tu vida diera un gran giro? Para bien o para mal… ¿cómo te sentiste en ese momento? ¿qué hiciste para acoplarlo a ti?
Siempre pienso en esos instantes que lo han cambiado todo, y solo cuando la distancia del tiempo es lo suficientemente grande para ganar perspectiva es que comprendo que muchas veces aferrarnos a lo que queremos pero que no nos pertenece solo nos deja cada vez un poco más rotos. Sujetar con fuerza todo aquello que no quiere quedarse solo nos clava más agujas en el corazón y nos termina vaciando el pecho por completo.
Es fácil decirlo, más difícil hacerlo. Cuando esto te pase abrázate con mucho más amor que el hambre con el que ahogas eso que retienes. Al tiempo te pesará menos dejar marchar algo que no quiere estar que abrirle los brazos a todo aquello que quiere desesperadamente permanecer y llegar. No te aferres, deja ir y venir.
Si algo he aprendido es que la magia la llevas tú, siempre la has tenido. Estás llena de vida, estás llena de amor. Y como la vida y el amor emanan de ti con sinceridad, con genuinidad, de manera incondicional y entregada siempre vas a ganar…aunque pierdas. Todo lo que se va de ti es para poder abrir espacio para todo lo mejor que viene después.
El curso de la historia puede cambiar en un instante. El destino toma decisiones por nosotros que no podemos cambiar y tampoco refutar, es injusto, lo sé. Sé que tienes la convicción de que tú decides tu propio rumbo. Y sí, es cierto, pero siempre estaremos también supeditados a las cosas que se escapan de nuestras manos, y reconocerlo es virtud. Tú eres lo que aprendes en momentos difíciles: ese es tu poder de decisión. Si renacer como un fénix de sus propias cenizas o seguir quemándote en ellas hasta apagarte. Lo que decidimos hacer con lo que nos pasa, depende por completo de nosotros mismos.
Ser capaces de ver con claridad esas cosas que sí tenemos el poder de cambiar es complejo…difuso. ¿Puedo cambiarlo?. Pecamos de inmóviles en el extremo opuesto, creyendo que nada de lo que hagamos podrá realmente transformar nuestra realidad. Tomar el control de nuestras vidas es ser valiente. Seguir tus sueños aún con miedo, ir a por eso que quieres con tantas ganas aun cuando todo está en tu contra, volver a levantarte cuando creías haberlo perdido todo, no permitir que el temor controle tu vida es ser tu propio héroe.
Perderás algunas batallas, muchas. Se derrumbará todo, quedarán escombros. Estarás arriba y caerás…pero tú tienes en tu alma el fuego, el espíritu y la resiliencia para siempre volver a conseguirlo, levantarte y reconstruirlo.
Para todos los ‘noes’ que te han dado, había mil ‘síes’ para darte.
Siempre llega el día que entiendes el porqué. No vivas esperándolo.
“Todo está funcionando a tu favor, aunque tú aún no lo veas. Eso que no esperabas, es lo que suele traer consigo la sabiduría que tanto necesitas para poder recibir lo que esperas y lo que anhelas”
Esto lo leí y me hizo clic. El mismo que le da sentido a todo.
Decidir cambiar lo que sea que te propongas cambiar refleja cuánto te valoras y cuánto quieres ese proyecto de vida que tienes pensado. Cambiar no tiene por qué ser drástico y doloroso. Cambiar puede ser bonito y pacífico. Yo escojo quedarme con esa opción. Toma decisiones que vengan desde la paz y no desde el miedo, el miedo aunque te lleve lejos no te da dirección para llegar a eso que tu corazón desea. Busca el balance y ve a por ello. Escucha a tu corazón pero jamás silencies el poder de la lógica. Es en ese juego de ‘tensa y afloja’ que nace la sabiduría de reconocer la diferencia entre las cosas que puedes cambiar y las que no.
La sabiduría de vivir no llega desde la indecisión, desde la espera, desde la inercia y el letargo. La sabiduría viene de la prueba y error, de la convicción de tus ideas, del respeto por tus principios... de la gentileza del alma, de la aceptación, de la valentía.
Si todas esas veces que te han dicho que no, que algo ha tardado, que algo se ha ido… hubieras permanecido paralizad@, al menos yo no sabría nada de esto que te estoy contando, no sería esto que soy ahora, y no hubiera alcanzado todas las metas que me he planteado. No dejes que los ‘noes’ se conviertan en puertas cerradas, no permitas que las cosas que se van sean pérdidas: transfórmalos en el impulso que te hacía tanta falta para saltar, de una vez por todas, en el trampolín.
Siempre has sabido reinventarte, volver a empezar, abrir la primera página y ponerte a escribir nuevas historias. Siempre has sabido salir adelante, has sabido vencerlo todo: el dolor, la alegría, los miedos, la tristeza. Has aprendido a vivirlo. Pero más importante aún: has sabido hacerlo sin dejar de ser tú, sin perder tu esencia, sin renunciar a tu magia, sin abandonar la bondad, sin despedirte de la ternura de tu corazón y la amabilidad de tu alma. Lo has hecho abriendo los brazos a la posibilidad y las ventanas de la oportunidad. Renacerás.
Bendito el ‘no’ que te hizo encontrar el ‘sí’ que tanto merecías. Gracias a él has salido a comerte el mundo, a probar cosas nuevas, a vivir. Busca la magia que le dé brillo a tu luz. El amor que tienes y das es capaz de todo. Tú puedes construir todo lo que tú quieras, ya lo has hecho. Todo lo que sale de tu corazón es bendición. Tienes tanto por lo que agradecer, tantos lugares y personas por conocer, tantas metas por alcanzar, tantas risas por sentir que no decirte ‘sí’ a ti sería un completo error.
No entender esto, sería un tremendo error:
“Señor,
Concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar
valor para cambiar aquellas que puedo
y sabiduría para reconocer la diferencia”
Tú, que estás leyendo estas líneas, eres como una avalancha sin freno, una ola indetenible, un abrazo largo, un encuentro inesperado, la caricia que nunca termina, el amor que jamás se esfuma, eres el sol por las mañanas y la luna por las noches. Eres vida, calor, hogar, regocijo. Eres indomable, feroz, viva. Eres honesta. Por eso, la virtud y la vida siempre están y estarán a tu favor.
Mantén cerca a quienes también vean eso en ti, quédate con ellos. Seguramente son tan especiales como tú.
“Tener un buen día significa que lo hemos hecho lo suficientemente bien como para felicitarte en silencio”
Leí el otro día esta frase de Daniel Goleman. No lo conozco, pero comprendí su idea. Aplaudir tu serenidad, tu valor y tu sabiduría para aceptar, para cambiar y para discernir es estar bien, tranquilo y en paz. Estoy convencida que ahí reside la plenitud, el amor y la felicidad de nuestros corazones y nuestras vidas. En ti…y en querer comerte al mundo.
Este es tu tren, tu obra. Tú eres protagonista.
De ti nace la vida, de ti florece, de ti emana, tú la cultivas. Ese es tu mayor poder.
Con amor, siempre
Mafe


